colchonetas para hamacas de jardin

La pequeña pegaba con fuerza y cada golpe daba la impresión de que iba a partir los débiles huesos de la esclava. Con el terrible calor que hacía en aquel país y esa costumbre de calzar altas botas de montar casi todo el día tenían que sudarles los pies por fuerza. Cuando sobre las dos de la madrugada hacía ya mucho rato que la oía roncar levemente y que su respiración era lenta, profunda y acompasada, sólo entonces dejé las botas en el suelo y me estiré para dormir. Tan sólo durante un rato me miró y me pareció ver en sus ojos algo parecido a un sentimiento de culpabilidad. —Eso me ha parecido. De nuevo asistí a más golpes que el ama Hannín le propinó a mi hermana. Mi ama me mandó a su habitación para que bajara su equipaje que ya había dejado preparado la noche anterior. Esa noche no pude dormir.

Parecía que se estaba dando cuenta de la salvajada que había cometido el ama Randa y creo que se avergonzaba de haberse reído. Analía, la mayor, que ya tiene nueve años sigue haciendo lo que hacía de pequeña: caga en el suelo para que Dulcita tenga que recoger sus cacas con las manos. Había pasado tantos años allí y hacía tantos que había sido arrancada de mi familia que había llegado a identificar el hogar de mis amas como el mío propio. —Ya lo sé. Hace tiempo que lo suponía y cuando me salvaste y te ofrecí la libertad me lo demostraste rechazándola y quedándote a mi lado como mi esclava. La señorita, una vez calzada, bajó de la hamaca y se quedó de pie a mi lado. Debió ver algo que no le gustó porque de repente bajó la pierna y asestó una tremenda patada en la cara de mi hermana con la planta del pie.

Jugueteó con su pie sobre mi cara hasta que me posó la planta sobre los labios. Media docena de golpes, en la nariz y los labios, hasta que vio brotar la sangre de su rostro. A mi mente acudían tanto los alaridos como la visión desfigurada del rostro abrasado de Nike. —Así que eres una cochinilla como yo, ¿ Justo una semana después del terrible suceso el ama Raisha hizo que la vida volviera a la normalidad. La exquisita fragancia de Old Spice te hará sentirte seguro, tumbonas jardin plegables justo ahora cuando llega el verano y todos sudamos más. Le pedí al ama Selma que le pidiera a su madre otra esclava porque yo cada día me encontraba peor y recibí una bofetada por respuesta. No podía contestar que sí y si no le daba una respuesta podía interpretarlo como una insubordinación. Era como un siseo y a la vez parecía el ruido que haría un líquido al chocar contra el suelo.

La niña, pues la criada no era más que una niña, hamacas baratas cargaba un pesado bolso y tras entrar en la sala VIP se había sentado en el suelo agotada. — le dijo tras arrojar al suelo de la cocina el envoltorio de celofán que cubría el tetra-brik. —¿Te hace pasar mucha hambre? Volverían las bofetadas, los zapatillazos, los latigazos, el hambre y el sueño. Te recomendamos que elijas una silla que combine con las flores de tu balcón para darle estilo a tu espacio al aire libre. Sabía que no podría explicarle que había perdido solamente unos miseros segundos porque el zumo que le habían dado no sería de su agrado. Dulcita, con veinte años que ya tenía, temblaba ante aquella chiquilla de casi diez años. Nuestras hamacas tienen una vida útil en usos intensivos de más de quince años. Tenía el resto de mi vida por delante y una única misión: cuidar de mi amita, la señorita Saida, y de mi ama, la señorita Selma. — oímos la chillona vocecilla de la señorita Analía.