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Solían reducirse a evitar castigos y a procurar que su ama se sintiera feliz y contenta porque eso solía representar poder comer y no tener que angustiarse por castigos injustos. Pensaba que me estaba demostrando una gran confianza, pero no era eso. La señorita Caren puso cerraduras en el frigorífico y en las puertas de la alacena, de esta manera Monnie podía controlar que yo no aprovechara una ausencia para robarles comida. Tal y como me habían enseñado me puse frotarme la cara contra las piernas de mi ama, como un gato que ronronea. Tiene rodillos gemelos, siendo el pequeño el mejor para usar debajo de los ojos, mientras que el grande está pensado para el cuello, la cara y los brazos. — oí claramente que la muchacha ordenaba a su pequeña esclava al tiempo que le daba una ligera patada en la cara con el pie que mantenía cruzado sobre la otra pierna. — escuché la voz de mi ama impaciente y me dio un golpe con la planta desnuda de su pie que me acertó en los labios, produciéndome un vivo dolor. — le dijo y descruzando la pierna bajó el pie desnudo hasta apoyar la planta sobre la cabeza de la esclava que seguía lamiendo el suelo — ¡

Nanuk se volvió a meter bajo la mesa y entonces se puso a besar la planta del pie de su ama. La señora se levantó de la mesa y cogió la sartén por el mango. La señora y sus dos hijas estaban en el porche interior, descansando y tomando el té. Su esposo había muerto y había vuelto a casa de su madre acompañada de sus dos hijas y de Tani y de Dulcita, sus esclavas. Mi madre tuvo que venderme para poder dar de comer a mis hermanos y acabé en Dubai, en casa del ama Raisha. Mi ama, Cora y yo contemplamos a la desvalida esclava comer en el suelo lo que mi dueña le había concedido a espaldas de su ama. Temblaba de miedo. A mí me afectó más ver el temblor de miedo que su cuerpo extremadamente delgado y lleno de pústulas, mataduras, llagas y cicatrices.

Posem una hamaca a casa? - La meva Barcelona La señorita se giró hacia mí y me fulminó con la mirada. —Ésta es su suite, señorita — le dijo el hombre. Cuando el hombre cerró la puerta de la suite mi ama volvió a estallar en carcajadas. Lo que me había hecho mi ama era monstruoso. —Toma pequeña — me dijo sin que yo me hubiese dado cuenta de lo que estaba haciendo la criada — no sé porqué te hacen esto pero es injusto. Llegó a hacerme daño pero en ese momento apenas me di cuenta del dolor porque sabía que la estaba haciendo feliz y ese era para mí el único objetivo que perseguía. Por la noche de ese último día le pedí que me lo volviera a enseñar en aquella lámina de colores que llamaban mapa. Las migas que antes le había arrojado su ama seguían en el suelo. Siempre sería preferible dejarse las rodillas y las manos fregando suelos que soportar un ama cruel como la señorita Hannín. Escuchaba las vanas conversaciones que tenían lugar encima de las mesas. Me quedé en el suelo, aguantándome las ganas de hacer pipí. —No es necesario. Dormirá en el suelo, o al otro lado de la puerta. —No lloro por eso, ama, lloro porque yo no pensaba escaparme.

—No voy a castigarte más… supongo que lo has entendido, no puedes interrumpirme ni intervenir en una conversación en público. Hoy piensas que no te escaparás nunca, que permanecerás junto a mí toda tu vida, pero la vida es larga y da muchas vueltas. Termina por darle vida a tu jardín con nuestros cómodos cojines de divertidos diseños y colores para que los coloques sobre sillas y tumbonas. Obedecí y al instante noté la suela de su bota sobre mi cara, silla colgante de mimbre pisándomela con fuerza. No le contesté. Abaniqué con fuerza y sin mirarla. Saber que vería su carita una vez estuviéramos en Londres me hizo mucha ilusión. Yo era muy ignorante y no sabía cómo iríamos a Londres. Se agachó para descalzarse la zapatilla que le había puesto al llegar a casa y me pegó con furia, gritándome que era una incompetente, y una maldita esclava torpe. Una semana después, una noche, cuando ya la había puesto en la cama y yo me había estirado en el suelo para dormir me llamó. — me preguntó sentándose en el borde de su cama.

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